Hace poco acudí a un concierto de uno de estos grupos que están formados por personas que por un motivo u otro el destino las ha hecho encontrase y compartir su afición.
No buscan alcanzar la fama, no buscan ganar dinero, solo disfrutar haciendo lo que mas les gusta: Cantar y tocar un instrumento.
La razón por la que acabe yo ahí no es más que por arropar a unos amigos de unos familiares, y me temo que la mayoría de los asistentes estaban allí por lo mismo. Porque eso es lo que sentí las horas que estuve alli sentada, sentía como el ambiente era de confianza, se respiraba un calor especial, ese de cuando una familia entera se vuelca en que alguien sea feliz.
Fui afortunada de tener sentada a mi lado, a la madre de uno de ellos, que me contó como se encontraron como se formaron y la diferencia de edad entre ellos de 23 a 60. Demostrándose una vez que cuando uno realmente quiere hacer algo, por mucho que se le compliquen las cosas, la vida le llevara ha hacerlo.
Sin embargo el momento en que los pelos se me pusieron de punta ocurrió cuando el hijo guitarra en mano, y cantando , le guiño el ojo a su madre..la cual no pudo mas que devolverle una gran sonrisa. En ese instante eran felices.
Creo, y solo creo, que fue un momento unico entre madre e hijo de agradecimiento. Porque si hay algo que dice mas que las palabras y nunca mienten..esas son las miradas.
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